REVESCO. Revista de Estudios Cooperativos.                                                                             ARTÍCULOS

e-ISSN: 1985-8031


 

Emprendimiento estudiantil tradicional, social y sostenible en el contexto universitario - una revisión sistemática

 

Valentina Hernández Muñoz

Universidad de Valencia (España) Icono

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LABEN, Universidad de Santiago (Chile)

José Luis Monzón Campos

CIRIEC, Universidad de Valencia (España) Icono

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Jorge Torres Ortega

Departamento de Ingeniería Mecánica, Facultad de Ingeniería, Universidad de Santiago de Chile (Chile) Icono

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https://dx.doi.org/10.5209/REVE.104784                                                                       Recibido: 15/07/2025Aceptado: 18/08/2025 • Publicado: 09/09/2025

 

ES Resumen. El artículo presenta una revisión sistemática de la literatura sobre el emprendimiento tradicional, social y sostenible en contextos universitarios, aplicando el protocolo PRISMA para analizar un total de 7.184 artículos publicados hasta el año 2024. El objetivo central es mapear el estado actual del conocimiento, identificar las estructuras temáticas predominantes, analizar las tendencias evolutivas y detectar vacíos conceptuales en este campo de estudio. Los hallazgos revelan un crecimiento sostenido de la producción científica desde 2010, con un auge significativo entre 2020 y 2024, periodo que concentra el 49 % del total de publicaciones. Se consolidan tres grandes clústeres temáticos: la “intención emprendedora”, como eje articulador del campo, estrechamente vinculado a la Teoría del Comportamiento Planificado (TPB) y validado mediante técnicas estadísticas como SEM/PLS-SEM; la “educación emprendedora”, como tema básico que conecta teoría y práctica educativa, incluyendo currículos, metodologías innovadoras y competencias emprendedoras; y las “actividades emprendedoras”, como tema de nicho orientado a la transferencia tecnológica, desarrollo económico y formación de ecosistemas emprendedores. Además, emergen nuevas líneas centradas en el rol activo de las universidades en la promoción de emprendimientos sociales y sostenibles, especialmente en escenarios postpandemia. La evolución temática muestra un desplazamiento desde perspectivas macroeconómicas hacia enfoques centrados en el individuo, con una transición conceptual de capital humano a capital social. Como conclusiones, el estudio constata una madurez estructural del campo, donde la intención emprendedora se posiciona como constructo dominante, mientras que la componente social y de sostenibilidad comienza a integrarse progresivamente, aunque aún con menor centralidad. Las universidades destacan como agentes estratégicos para incubar emprendimientos con valor económico, social y ambiental. Este trabajo contribuye a ofrecer una visión panorámica del campo, e identifica oportunidades futuras para explorar enfoques pedagógicos emergentes, sinergias con políticas públicas y métricas de impacto institucional en el fomento del emprendimiento social y sostenible.

Palabras clave. PRISMA, TPB, ODS, Biblioshiny, intención emprendedora, economía social, innovación.

Claves Econlit. A12, L26, L31, Q01.

 

ENG Traditional, social, and sustainable student entrepreneurship in the university context - a systematic review

ENG Abstract. This article presents a systematic review of the literature on traditional, social, and sustainable entrepreneurship in university contexts, applying the PRISMA protocol to analyze a total of 7,184 articles published until 2024. The central objective is to map the current state of knowledge, identify predominant thematic structures, analyze evolving trends, and detect conceptual gaps in this field of study. The findings reveal sustained growth in scientific production since 2010, with a significant boom between 2020 and 2024, a period that accounts for 49% of all publications. Three major thematic clusters are consolidated: "entrepreneurial intention," as the articulating axis of the field, closely linked to the Theory of Planned Behavior (TPB) and validated using statistical techniques such as SEM/PLS-SEM; "entrepreneurial education," as a basic theme connecting educational theory and practice, including curricula, innovative methodologies, and entrepreneurial competencies; and "entrepreneurial activities" as a niche topic focused on technology transfer, economic development, and the formation of entrepreneurial ecosystems. Furthermore, new lines of research are emerging that focus on the active role of universities in promoting social and sustainable entrepreneurship, especially in postpandemic scenarios. The thematic evolution shows a shift from macroeconomic perspectives toward individual-centered approaches, with a conceptual transition from human capital to social capital. In conclusion, the study confirms a structural maturity of the field, where entrepreneurial intention is positioned as the dominant construct, while the social and sustainability components are beginning to be progressively integrated, although still with less centrality. Universities stand out as strategic agents for incubating ventures with economic, social, and environmental value. This work contributes to offering a panoramic view of the field and identifies future opportunities to explore emerging pedagogical approaches, synergies with public policies, and institutional impact metrics in the promotion of social and sustainable entrepreneurship.

Keywords. PRISMA, TPB, ODS, Biblioshiny, entrepreneurial intention, social economy.

 

Sumario. 1. Introducción. 2. Marco teórico. 3. Metodología. 4. Resultados. 5. Discusión. 6. Conclusión. 7. Referencias bibliográficas.

 

Cómo citar: Hernández Muñoz, V.; Monzón Campos, J.L. & Torres Ortega, J. (2025). Emprendimiento estudiantil tradicional, social y sostenible en el contexto universitario - una revisión sistemática. REVESCO. Revista de Estudios Cooperativos, 151, e104784. https://dx.doi.org/10.5209/REVE.104784.

 

1. Introducción

El Monitor Global de Emprendimiento define al emprendimiento como el acto de iniciar y dirigir un nuevo negocio (GEM, 2025), este concepto ha logrado en poco tiempo una implantación extensa y arraigada en la sociedad y la academia (Callejón, 2009), y es que el emprendimiento constituye un fenómeno de amplia relevancia en el contexto global, tanto en términos económicos como sociales, debido a su capacidad de estimular la innovación, generar valor y promover la competitividad en diversos sectores productivos (Schumpeter, 1934; Schumpeter, 1947). Numerosos estudios evidencian una relación positiva entre el emprendimiento y el crecimiento económico, inclusive en distintas fases de la dinámica económica (expansión, crisis y recuperación) lo que ha impulsado a considerarlo como una de las variables más influyentes en el crecimiento económico (Galindo-Martín, Castaño-Martínez y Méndez-Picazo, 2021; Stoica, Roman y Rusu, 2020). Esta importancia ha puesto de manifiesto la necesidad de apoyar y promover el emprendimiento (Defourny, Hulgård y Pestoff, 2014; Torres y Monzón, 2021). Asimismo, la literatura destaca la importancia de evaluar el efecto diferenciado que ejercen las diversas modalidades de emprendimiento según el nivel de desarrollo económico local (Stoica et al., 2020).

Históricamente, el emprendimiento ha estado estrechamente asociado a la figura del “emprendedor” como individuo capaz de identificar oportunidades y asumir riesgos con el fin de generar beneficios económicos (Bygrave y Hofer, 1992; Eckhardt, J. T., y Shane, S. A., 2003). Sin embargo, su rol se ha expandido notablemente en las últimas décadas, abarcando múltiples dimensiones y tipos de estudio para su comprensión, lo que convierte al emprendimiento en un foco prioritario de investigación académica y de políticas públicas para el desarrollo sostenible. Y es que, la evolución conceptual del emprendimiento ha trascendido la búsqueda tradicional de beneficios económicos para abarcar objetivos sociales y medioambientales, reflejando la aparición de nuevas formas organizativas y modelos de negocio basados en la equidad, la inclusión y la sostenibilidad (Hockerts y Wüstenhagen, 2010). Este cambio se observa en el surgimiento de emprendimientos sociales y emprendimientos sostenibles, caracterizados por combinar la rentabilidad financiera con la creación de valor público y la preservación de los recursos naturales (Murnieks, Klotz y Shepherd, 2020). En la literatura se han identificado factores determinantes, como el clima social, la innovación, apoyo institucional y aspectos personales que inciden en la creación y consolidación de nuevas empresas. Se ha establecido que los marcos normativos y de soporte adecuados no solo promueven la actividad emprendedora, sino que pueden fomentar el crecimiento económico de forma sostenida en el tiempo a través del emprendimiento (Galindo et al., 2021). Callejón (2009) indica que cuanto mayor sea la proporción de emprendedores en una sociedad, mayor será la tasa de innovación y crecimiento. Por lo que, la conformación de un ecosistema que fomente y fortalezca el emprendimiento cobra relevancia, pues es un fenómeno que involucra no solo al individuo emprendedor, sino que también a instituciones, redes de cooperación y políticas públicas. Dicho respaldo se ve reflejado en iniciativas como la creación de programas especializados, incubadoras, aceleradoras y fondos de capital semilla, enfocadas en fomentar y potenciar el emprendimiento y la innovación.

Dentro de este contexto, las universidades desempeñan un rol determinante en la formación de futuros emprendedores y en la incubación de proyectos de innovación. Gracias a su capacidad de generar y transmitir conocimiento las instituciones de educación superior actúan como catalizadoras de ideas, transfiriendo tecnología y disponiendo de capacidad instalada, motivando a la creación de empresas emergentes mediante programas formativos, experiencias prácticas y levantamiento de capitales, y fomentando la cultura emprendedora entre el estudiantado (Etzkowitz, 2003; Guerrero y Urbano, 2012; Wang, 2021). En el caso del emprendimiento social y del emprendimiento sostenible, la contribución de las universidades va más allá de la transmisión de saberes técnicos, puesto que implica la promoción de valores éticos, la sensibilización sobre problemas socioambientales y la creación de espacios colaborativos para la co-creación de soluciones de impacto (Sharma, Bulsara, Trivedi y Bagdi, 2023). De este modo, las universidades se proyectan como entornos idóneos para propiciar la gestación de proyectos que combinen la viabilidad económica con el compromiso social y la responsabilidad ambiental, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y con las demandas de las nuevas generaciones cada vez más conscientes de las consecuencias globales de sus acciones (Adamczyk y Adamczyk-Kowalczuk, 2022). Los mecanismos específicos a través de los cuales las instituciones de educación superior promueven y potencian la intención emprendedora, particularmente cuando esta implica en un claro compromiso social y ambiental, aún no se encuentran claramente definidos en la literatura académica. Dentro de algunas de ellas, se han estudiado iniciativas formativas en educación ambiental y conocimiento del cambio climático (Alimehmeti, Ndoka y Paletta, 2025), e incluso en el uso de metodologías de enseñanzas innovadoras (Senali, 2022; Hsu, 2023), así como, en el desarrollo de habilidades que han resultado mediadoras claves para emprender con orientación social/sostenible como la autoconciencia y la actitud verde (Fabregá, Masferrer, Patau y Miró Pérez, 2020; Zhang, Haq, Xu y Nadeem, 2024). Y es que, por un lado cuando el emprendimiento implica un claro compromiso social y ambiental, los mecanismos se vuelven más específicos, por otro lado además, la diversificación conceptual del emprendimiento hacia tipologías como tradicionales, sociales y sostenibles ha incrementado notablemente la complejidad para establecer fronteras claras y comprender con precisión los procesos subyacentes a cada modalidad. Muchos estudios no logran aún diferenciar adecuadamente las particularidades y límites conceptuales entre estas modalidades, lo que ocasiona inconsistencias teóricas y limitaciones en su validación empírica. Del mismo modo, la incorporación explícita de la dimensión ambiental en el análisis del emprendimiento sigue siendo un área emergente, caracterizada por marcos conceptuales aún en desarrollo y escasas aproximaciones cuantitativas sólidas (Hall, Daneke, Lenox, 2010; Muñoz y Dimov, 2015).

Frente a la superposición conceptual existente y la heterogeneidad de enfoques teóricos, resulta pertinente realizar una revisión sistemática de la literatura que permita mapear de forma rigurosa el estado actual del conocimiento, identificar y diferenciar las corrientes teóricas predominantes, evaluar la evolución temática y las tendencias emergentes, así como señalar las brechas científicas existentes. Por lo que, el objetivo del estudio es analizar de manera sistemática la producción científica sobre el emprendimiento tradicional, social y sostenible en el contexto universitario, con el propósito de esclarecer los conceptos clave, examinar las tendencias teóricas y empíricas más relevantes, y detectar vacíos de investigación que sirvan como base para nuevas contribuciones académicas. En este sentido, la presente revisión sistemática sigue la metodología PRISMA (Page et al., 2021), lo que asegura un procedimiento riguroso, transparente y replicable, facilitando el análisis crítico y sistemático de estudios previos y contribuyendo a estructurar y clarificar los diversos hallazgos.

 

2. Marco Teórico

 

2.1. Evolución Conceptual del Emprendimiento

2.1.1. Desde la Economía Clásica

Inicialmente, el concepto "emprendedor" fue asociado estrechamente con actividades comerciales y empresariales que implican altos niveles de incertidumbre y oportunidad económica. La figura del emprendedor emergió como un actor fundamental capaz de detectar oportunidades y crear una organización para aprovechar dichas oportunidades, enfrentando los riesgos inherentes a las actividades económicas incipientes (Bygrave y Hofer, 1992).

Una de las primeras contribuciones a la literatura económica del emprendimiento es la definición conceptual que proviene del economista irlandés Richard Cantillon (1755), quien describió al emprendedor como un agente económico que asume riesgos reales en un contexto marcado por la incertidumbre. Cantillon enfatizó que el emprendedor se distingue principalmente por su capacidad de anticipar y asumir riesgos económicos con la expectativa de obtener beneficios, estableciendo así un vínculo fundamental entre incertidumbre, riesgo y ganancia económica. Jean-Baptiste Say (1803) contribuyó al desarrollo del concepto al definir al emprendedor no sólo como tomador de riesgos, sino también como innovador esencial en la economía. Para Say, el emprendedor es un intermediario clave que reorganiza factores productivos existentes para crear valor agregado y generar riqueza. Su contribución fue particularmente influyente al diferenciar claramente la figura del emprendedor del capitalista, quien aporta el capital financiero, y del trabajador, quien ofrece mano de obra. Esta diferenciación sentó bases fundamentales para una comprensión más precisa del rol económico del emprendedor (Thornton, 2020). Otra de las contribuciones relevantes en la evolución conceptual del emprendimiento clásico incluye las aportaciones de Frank Knight (1921), quien distinguió entre riesgo calculable e incertidumbre no calculable, destacando la función del emprendedor en transformar situaciones desconocidas en posibilidades que puedan generar beneficios (Alean, Del Rio, Simancas y Rodríguez, 2017). Luego, la perspectiva del economista austriaco Joseph Schumpeter (1934) revolucionó la conceptualización del emprendimiento mediante la introducción del concepto de "destrucción creativa". Según Schumpeter, el emprendedor es el principal motor del cambio económico y tecnológico debido a su capacidad de generar innovaciones disruptivas que desplazan estructuras económicas establecidas, crean nuevos mercados y fomentan el progreso económico. Schumpeter identificó explícitamente al emprendedor como un agente esencialmente innovador, no únicamente como administrador o gestor, destacando su rol crucial en la dinámica del desarrollo económico (Schumpeter, 1934/2021). Muchos de los principales autores mantienen de base la tradición de Say-Schumpeter integrando algunas variaciones, como por ejemplo Peter Drucker (1985) quien parte desde la definición de Say, pero la amplía para centrarse en la oportunidad. Drucker no exige que los emprendedores provoquen el cambio, sino que los ve como personas que buscan y aprovechan las oportunidades que el cambio crea (tecnología, normas sociales, entre otros) (Dees, 1998). Por su parte, William Baumol (1968, 1990), propuso analizar los incentivos que afectan al comportamiento emprendedor y posteriormente clasificó el emprendimiento en productivo, improductivo y destructivo sosteniendo que los incentivos sociales, legales y políticos (“reglas del juego”) determinan el tipo de emprendimiento que predomina en la sociedad.

 

2.1.2. Desde la Economía Social

A diferencia del enfoque clásico centrado en la maximización del beneficio económico, la Economía Social surge como una respuesta solidaria frente a las condiciones de vida generadas por la evolución del capitalismo industrial del siglo XVIII y XIX (Chaves, Fajardo y Monzón, 2020). Desde sus inicios, la Economía Social ha contribuido eficazmente a la resolución de problemas sociales que el Estado y el Sector Empresarial Tradicional no han podido resolver y ha reforzado su posición como institución necesaria para un crecimiento económico estable y sostenible (Monzón y Chaves, 2008). El Comité Económico y Social Europeo (CESE) la define como:

“Conjunto de empresas privadas organizadas formalmente, con autonomía de decisión y libertad de adhesión, creadas para satisfacer las necesidades de sus socios a través del mercado, produciendo bienes y servicios, asegurando o financiando, y en las que la eventual distribución entre los socios de beneficios o excedentes, así como la toma de decisiones, no están ligadas directamente con el capital o cotizaciones aportados por cada socio, llevándose a cabo, bien mediante el principio de “una persona un voto” o bien mediante procesos democráticos y participativos. La economía social también agrupa a aquellas organizaciones privadas organizadas formalmente con autonomía de decisión y libertad de adhesión que producen servicios no de mercado a favor de las familias, cuyos excedentes, si los hubiera, no pueden ser apropiados por los agentes económicos que las crean, controlan o financian” (Chaves y Monzón, 2012:23).

 

Este espacio de realidad económica, privado y social, se encuentra integrado por formas organizativas tales como cooperativas, mutualidades, asociaciones, organizaciones no gubernamentales (ONG), organizaciones sin ánimos de lucro, grupos de voluntarios, empresas comunitarias y empresas sociales creadas por las personas para dar respuesta a sus problemas, demandas y aspiraciones sociales (Chaves y Monzón, 2018) las cuales se desenvuelven y conviven en el mercado junto a las empresas tradicionales capitalistas y a las empresas públicas. En este contexto, el concepto de “emprendimiento social” ha surgido y ha cobrado gran relevancia, siendo definido y abordado desde múltiples perspectivas, que pueden categorizarse en tres enfoques:

        Ético-moral: Autores como Boschee (1998) enfatizan que el emprendimiento social implica equilibrar los imperativos morales con objetivos económicos, mientras que Sullivan Mort, Weerawardena y Carnegie (2006) indican al emprendimiento social como constructo multidimensional que implica la expresión de comportamiento virtuoso para lograr la misión social, una unidad coherente de propósito, la acción frente a la complejidad moral y la capacidad de reconocer las oportunidades de creación de valor social.

        Estratégico-organizacional: Fowler (2000) lo concibe como la creación de estructuras, relaciones y prácticas socioeconómicas viables que produzcan y sostengan beneficios sociales. Posteriormente, Austin, Stevenson y Wei-Skillern (2006) describen al “emprendimiento social como una actividad innovadora de creación de valor social que puede tener lugar dentro o entre los sectores sin ánimo de lucro, empresarial o gubernamental” y lo presenta en las modalidades de emprendimiento individual y emprendimiento colectivo.

        Innovador-transformacional: De acuerdo con autores como Seelos y Mair (2005) y Zahra, Rawhouser, Bhawe, Neubaum y Hayton (2008), el emprendimiento social se caracteriza por desarrollar nuevas e innovadoras soluciones (productos y servicios) para atender necesidades humanas básicas no satisfechas por instituciones existentes, promoviendo la creación de nuevas empresas o la gestión innovadora de las existentes con el objetivo principal de aumentar la riqueza social. Seelos y Mair 2005 amplían su definición de emprendimiento social delimitando su alcance a aquellas necesidades subyacentes a los objetivos de desarrollo sostenible, mientras que en el trabajo de Zahra et al. (2008), se plantea la riqueza social como aquella que incluye los aspectos económicos, sociales, sanitarios y ambientales del bienestar humano.

 

Las aportaciones más influyentes al enfoque europeo del emprendimiento social y de empresa social provienen del trabajo de Jacques Defourny y Carlo Borzaga (2001), quienes desde la EMES European Research Network describen a la empresa social como “organizaciones privadas sin fines de lucro que proporcionan bienes o servicios directamente relacionados con su objetivo explícito de beneficiar a la comunidad. Generalmente se basan en una dinámica colectiva que involucra a diversos tipos de partes interesadas en sus órganos de gobierno, valoran mucho su autonomía y asumen riesgos económicos relacionados con su actividad” (Defourny y Nyssens, 2008: 204). Desde este enfoque, las empresas sociales, han sido consideradas como una respuesta innovadora, dinámica, inclusiva y autosostenible a los principales desafíos sociales, económicos y medioambientales que enfrentan las sociedades actuales (Defourny et al., 2014; Torres y Monzón, 2021). Defourny y Nyssens (2017) definen cuatro modelos de empresa social que persiguen el interés general desde distintas características económicas, sociales y de gobernanza: Modelo empresa sin fines de lucro en el que se encuentran las organizaciones sin fines de lucro que desarrollan cualquier tipo de negocio que genere ingresos para apoyar su misión social; Modelo de cooperativa social en el que se encuentran las cooperativas que han realizado una transición desde el interés mutuo hacia un interés general; el Modelo de negocio social en el que se encuentran las compañías que desarrollan actividades comerciales con un propósito o misión social y el Modelo de la empresa social del sector público en las que se encuentran las entidades privadas impulsadas por el sector público con el objetivo de mejorar e innovar en la prestación y entrega de servicios.

Desde el enfoque estadounidense, especialmente representado por Dees (1998) y la escuela de la innovación social (Dees y Anderson, 2006), tomando de base las contribuciones de Say, Schumpeter y Drucker se concibe al emprendimiento social como un proceso impulsado por individuos que actúan como agentes de cambio para generar impacto social adoptando la misión de crear y mantener valor social (no solo privado), reconociendo oportunidades para cumplir con la misión social, participando en procesos de innovación, adaptación y aprendizaje continuos, actuar con audacia sin limitarse a los recursos disponibles, y demostrando un mayor sentido de responsabilidad hacia los grupos de interés atendidos y por los resultados obtenidos. Considera a las empresas innovadoras sin fines de lucro, las empresas con fines sociales con fines de lucro y las organizaciones híbridas que combinan elementos con y sin fines de lucro como organizaciones del emprendimiento social en las cuales la riqueza generada es solo un medio para un fin. Estas perspectivas permiten apreciar la diversidad conceptual del emprendimiento social, destacando elementos distintivos como la creación de valor social, la innovación y la combinación de recursos para catalizar transformaciones sociales (Mair y Martí, 2006; Dees, 2007; Bacq y Janssen, 2011), diferenciándose del emprendimiento clásico o tradicional, el cual considera la creación de riqueza social como un subproducto del valor económico (Venkataraman, 1997), mientras que en el emprendimiento social el objetivo explícito es beneficiar a la comunidad o generar valor social (Defourny y Nyssens, 2017), siendo la creación de valor económico un subproducto que permite a la organización alcanzar la sostenibilidad y la autosuficiencia. Dentro de los elementos en común de ambas tipologías se puede mencionar el reconocimiento de oportunidades para mejorar sistemas, crear soluciones y nuevos enfoques (Seelos y Mair, 2005).

 

2.1.3. Desde el Desarrollo Sostenible

Durante las décadas de 1960 y 1970, emergieron intensos debates globales sobre las crisis ambientales, impulsados por problemas como la contaminación, la sobreexplotación de recursos naturales y el crecimiento poblacional acelerado. Un hito clave fue la publicación del libro "Los Límites del Crecimiento", patrocinado por el Club de Roma, que cuestionó la viabilidad del crecimiento económico ilimitado frente a la capacidad ecológica del planeta (Meadows, 1972). En ese contexto, la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano en 1972 representa un punto de inflexión para los modelos económicos, al reconocer por primera vez internacionalmente los límites ecológicos asociados al crecimiento económico y establecer 26 principios de responsabilidad individual y colectiva para preservar y mejorar el entorno humano en favor de la integridad humana en el tiempo (ONU, 1972). Pero, no es hasta 1987 que el concepto formal de desarrollo sostenible fue establecido en el conocido informe Brundtland, definiéndolo como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, 1987). Esta definición pionera sirvió de marco referencial en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo de Río de Janeiro (1992), también conocida como Cumbre de la Tierra, donde se adoptó la Agenda 21, delineando un plan global de sostenibilidad que integraba objetivos económicos, sociales y ambientales (ONU, 1992).

En respuesta a la necesidad de operacionalizar la sostenibilidad en contextos empresariales, surge el enfoque de "Triple Bottom Line" propuesto por Elkington (1997), que integra simultáneamente el rendimiento económico, social y ambiental en las organizaciones. Este marco conceptual sentó las bases para el inicio de un nuevo tipo de emprendimiento con foco en la sostenibilidad como respuesta a los desafíos globales urgentes, incluyendo el cambio climático, la escasez de recursos naturales y energéticos, y la inclusión social y equidad en el desarrollo económico (Shepherd y Patzelt, 2011; Dean y McMullen, 2007). Entre las contribuciones más influyentes en esta línea destacan Dean y McMullen (2007) quienes identificaron al emprendimiento como mecanismo clave para reducir la degradación ambiental mediante la identificación y explotación de oportunidades derivadas de problemas ambientales específicos. Posteriormente, Shepherd y Patzelt (2011) proponen una definición integral del emprendimiento sostenible, enfatizando en la creación simultánea de valor en las dimensiones económicas, sociales y ambientales. Se indica que el emprendimiento sostenible se centra en la creación de productos y empresas que abordan simultáneamente las fallas del mercado ambiental, social y económico (Hall et al., 2010; Parrish, 2010; Thompson, Kiefer, York., 2011) consolidando así la perspectiva holística del concepto.

Dentro de las estrategias que adopta esta corriente del emprendimiento se encuentra la innovación ecológica (ecopreneurship), especialmente mediante la adopción de tecnologías limpias, procesos eficientes en términos de recursos y modelos circulares de negocio (Schaltegger, Hansen y Lüdeke-Freund, 2016). Esta perspectiva permite su aplicación y adaptación en diversos contextos socioeconómicos y culturales: desde iniciativas basadas en alta tecnología hasta emprendimientos comunitarios con enfoques locales o modelos híbridos que combinan claramente lucro económico con beneficios ambientales (Muñoz y Dimov, 2015). Enriqueciendo la práctica emprendedora y reforzando su potencial para generar transformaciones profundas (Muñoz y Dimov, 2015; York y Venkataraman, 2010). Otros autores han aportado perspectivas complementarias al desarrollo del emprendimiento sostenible, entre ellos: Hart y Christensen (2002) indican que en los mercados emergentes de las economías en desarrollo es donde mejor se pueden desarrollar las tecnologías necesarias para abordar los desafíos sociales y ambientales asociados al crecimiento económico; York y Venkataraman (2010) contribuyen desde la perspectiva de la incertidumbre y la innovación, resaltando la capacidad de los emprendedores sostenibles para abordar contextos inciertos y transformar desafíos ambientales en oportunidades empresariales. Por su parte, Peter Senge (2008) y Jorge Rivera (2012) y han integrado los principios del pensamiento sistémico en el emprendimiento sostenible, argumentando que las empresas sostenibles deben entender y gestionar sistemas complejos para poder lograr cambios efectivos y perdurables.

En los últimos años se ha observado una creciente convergencia en la literatura entre los campos de investigación de la economía social y la sostenibilidad (Hernández-Muñoz, Monzón Campos y Torres-Ortega, 2024). Autores como Zhang y Swanson (2014), sugieren que el emprendimiento social es intrínsecamente sostenible, mientras que Rincón y López (2021) han indicado que las organizaciones de la economía social están constituidas por una serie de principios que favorecen su orientación hacia la sostenibilidad. Por su parte, Kamaludin, Xavier y Amin (2024) proponen el concepto del emprendimiento social sostenible como el “proceso de desarrollar soluciones sostenibles para problemas sociales, económicos o ambientales que no se están abordando, con la capacidad de perdurar en el tiempo mediante la mejora continua de la eficiencia operativa”. Es relevante mencionar que aunque los objetivos económicos son los fines principales en este tipo de iniciativa, el reto de la organización es la integración de un mejor desempeño ambiental y social en la lógica de un negocio económico (Schaltegger & Wagner, 2011), los tres aspectos deben satisfacerse para que la actividad empresarial sea llamada sostenible (Crals y Vereeck, 2005). En este marco, el emprendimiento sostenible se distingue tanto del emprendimiento tradicional, centrado exclusivamente en la generación de valor económico, como del emprendimiento social, cuyo foco principal es el impacto social. Su especificidad está en la creación de beneficios sociales y ecológicos junto con el valor económico (Thompson et al., 2011; Schaefer, Corner, Kearins, 2015).

 

3. Metodología

 

3.1. PRISMA - Adquisición y selección de datos

El presente estudio adopta una metodología de revisión sistemática de la literatura, enmarcada en el enfoque PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), con el propósito de analizar de manera rigurosa y replicable la producción científica relacionada con el emprendimiento tradicional, social y sostenible en el contexto universitario. La revisión sistemática permite integrar y sintetizar resultados de múltiples investigaciones, facilitando la identificación de patrones teóricos, vacíos de conocimiento y tendencias emergentes en el campo. La elección de este enfoque metodológico se justifica por su capacidad para ordenar el conocimiento existente, elevar la calidad de la evidencia disponible y proporcionar una base sólida para futuras investigaciones académicas. Asimismo, el protocolo PRISMA garantiza la transparencia y exhaustividad del proceso de recolección, selección y análisis de documentos, contribuyendo a la confiabilidad de los hallazgos obtenidos (Page et al., 2021). Se realiza en las siguientes cuatro etapas:

      Identificación: Se utilizaron operadores booleanos y términos clave combinados para la búsqueda en los campos de título, resumen y palabras clave de la siguiente manera: (TITLE-ABS-KEY ( Entrepreneurship OR "Social Entrepreneurship" OR "Sustainable Entrepreneurship") AND TITLE-ABS-KEY ( "University Student" OR "Higher education" OR "University" OR "University-level education" ) en la base de datos Scopus, una de las bases de datos más prestigiosas en investigación académica (Shaheen, 2025).  (Fecha de búsqueda: Abril, 2025)

      Validación: Se excluyen de la base aquellas publicaciones que no corresponden a artículos científicos publicados en español o inglés hasta el año 2024 y aquellas que no poseen resumen disponible.

      Elegibilidad: Para asegurar la pertinencia temática de la base documental, se aplicaron criterios de inclusión y exclusión fundamentados en la presencia de términos clave en el título y resumen de los registros descartando aquellos que no incluían la raíz entrepre* en el título ni en el resumen. Estos filtros temáticos permiten garantizar que los textos seleccionados abordan explícitamente la intersección entre emprendimiento y educación superior, en coherencia con los objetivos de la presente revisión.

      Inclusión: Se incluyen en el estudio los registros que cumplen con los criterios de validación y elegibilidad.

 

3.2. Análisis de datos bibliográficos

El análisis de datos de este estudio se fundamenta en un enfoque metodológico combinado que integra técnicas bibliométricas y de análisis estructural-conceptual, con el propósito de caracterizar el campo investigado tanto desde una perspectiva cuantitativa como cualitativa. Es decir, que se aplica bibliometría orientada al mapeo de la producción científica y evaluación de la densidad documental, y por otro lado, se incorpora un análisis de co-ocurrencia de términos y redes temáticas con el fin de revelar las estructuras conceptuales subyacentes en el corpus de los resúmenes de cada artículo. Esta articulación metodológica permite detectar patrones latentes y dinámicas emergentes, privilegiando el análisis de contenido sobre la descripción de indicadores bibliométricos generales. Por lo tanto el análisis bibliográfico se realiza en dos etapas:

1.     Análisis bibliométrico: Este se concibe como un conjunto de técnicas estadísticas aplicadas a datos bibliográficos, orientadas a describir, evaluar y representar gráficamente la dinámica de la producción científica en un campo determinado. En este estudio, las métricas empleadas incluyen la frecuencia anual de publicaciones, la distribución geográfica e idiomática de los registros, la productividad por país según afiliación institucional, así como el análisis de citas locales con énfasis en autores y obras de mayor impacto. Para la implementación de este procedimiento se emplea la plataforma Biblioshiny, integrada en la librería Bibliometrix del entorno R-Studio, ampliamente reconocida por su compatibilidad con archivos exportados en formato BibTeX y CSV desde bases de datos como Scopus, y por su capacidad para generar representaciones visuales avanzadas (Aria y Cuccurullo, 2017). Esta herramienta permite identificar núcleos de influencia, jerarquías informativas y trayectorias evolutivas del conocimiento, lo cual resulta fundamental para mapear la estructura del campo y sus dinámicas de consolidación.

2.     Análisis de estructuras conceptuales: En paralelo al análisis cuantitativo, se implementa un examen estructural de tipo semántico basado en la co-ocurrencia de términos, orientado a revelar las configuraciones conceptuales latentes presentes en los resúmenes de los artículos seleccionados. Este procedimiento se basa en la construcción de grafos de redes y mapas temáticos, empleando el algoritmo de agrupamiento de Louvain, medida de centralidad de intermediación y factor de importancia de PageRank (indica relevancia), lo que permite segmentar el universo léxico en clústeres cohesionados en función de su frecuencia de aparición conjunta. Mientras que las redes semánticas visualizan la arquitectura relacional del campo, destacando nodos centrales, periféricos y términos puente, los mapas temáticos ofrecen una clasificación analítica más refinada al posicionar los tópicos según dos ejes estratégicos: densidad (cohesión interna del clúster) y centralidad (relevancia estructural respecto al conjunto). Esta disposición permite identificar temas motores (altamente desarrollados y conectados), temas básicos (nodos centrales aún en consolidación), temas de nicho (específicos pero desconectados) y áreas emergentes o en retroceso (baja centralidad y densidad). Luego, a través del análisis de evolución temática, se examina además la trayectoria temporal de estos conceptos, detectando su transformación, continuidad o desplazamiento hacia nuevas asociaciones. Este tipo de análisis resulta esencial para construir una representación dinámica del campo, y detectar la reconfiguración de dominios cognitivos, fragmentación discursiva o vacancia conceptual en el desarrollo de la literatura científica (Cobo, López-Herrera, Herrera-Viedma y Herrera, 2011).

 

Con el propósito de garantizar la solidez metodológica y la trazabilidad analítica, se establecen parámetros técnicos explícitos en cada fase del procesamiento de datos y que mejor se ajustan a la muestra en cuestión. Para los análisis de co-ocurrencia se fijan umbrales mínimos de frecuencia de 5 apariciones, para las redes semánticas se utilizan un mínimo de 5 relaciones entre términos, 435 número de nodos, normalización de los vínculos entre nodos mediante “association”. Asimismo, se emplean rutinas de lematización y un diccionario de equivalencias semánticas para unificar términos sinónimos o morfológicamente derivados, evitando así distorsiones interpretativas en los mapas de densidad y centralidad. Además, cabe destacar que la validación de los patrones obtenidos se realiza mediante una lectura cruzada de los textos fuente y una revisión iterativa de la consistencia estructural de los resultados. Si bien la herramienta utilizada (Biblioshiny) presenta limitaciones en cuanto a la personalización avanzada de algoritmos de agrupamiento o la configuración manual de redes, su interfaz flexible y su capacidad de refinamiento progresivo permiten alcanzar un nivel de ajuste metodológico compatible con los objetivos analíticos del estudio.

Para la generación del Mapa Temático (general y por periodos) se utilizan medidas como Callon Centrality, Callon Density y Cluster Frequency, para analizar la posición estratégica y estructural de cada clúster temático. La centralidad se refiere a la capacidad de un tema para conectar con otros temas y clústeres dentro del campo, mientras que la densidad mide el grado de cohesión interna del clúster, reflejando cuán conceptualmente desarrollado está. Esta combinación permite ubicar los clústeres en cuatro cuadrantes definidos por umbrales específicos, identificados como Motor Themes (temas motores: alta centralidad y densidad), Basic Themes (temas básicos: alta centralidad y baja densidad), Niche Themes (temas nicho: alta densidad y baja centralidad) y Emerging/Declining Themes (temas emergentes/declive: baja centralidad y densidad), proporcionando un marco interpretativo claro sobre la dinámica temática en el campo.

Para la generación de la evolución temática se utiliza el Weighted Inclusion Index (WII) como métrica central, que permite identificar y medir la fuerza con la que ciertos temas transicionan o se integran entre distintos periodos. Este índice, representado visualmente mediante flechas cuyo grosor refleja el grado de inclusión temática, proporciona una visión clara y objetiva sobre cómo las áreas de investigación evolucionan y se conectan a lo largo del tiempo. Su relevancia para el análisis evolutivo radica en su capacidad para destacar transiciones significativas que reflejan madurez y dinamismo en el desarrollo conceptual y metodológico del campo estudiado. En esta investigación, de acuerdo con el volumen de datos obtenidos se define la periodización temática en cuatro intervalos principales: Periodo 1 (P1): 1968-1999 (previo al 2000), Periodo 2 (P2): 2000-2009 (primera década del milenio), Periodo 3 (P3): 2010-2019 (segunda década del milenio), y Periodo 4 (P4) 2020-2024 (pandemia y postpandemia).

La relevancia de adoptar un enfoque metodológico que profundice en la estructura conceptual responde a la naturaleza interdisciplinar, difusa y en constante transformación del campo del emprendimiento en el contexto universitario. Al integrar métricas de producción con mapas semánticos y análisis factoriales, se favorece una lectura holística del fenómeno, capaz de incorporar tanto dimensiones individuales como contextuales, y de captar los términos claves que direccionan la investigación en la interacción entre los factores educativos y el emprendimiento, ya sea tradicional, social y/o sostenible. Este enfoque resulta particularmente pertinente para campos emergentes de alta densidad conceptual y escasa delimitación teórica, donde las dinámicas de desarrollo responden a múltiples trayectorias epistemológicas (Liu, 2023; Lim, 2024). Asimismo, el uso de herramientas automatizadas y visuales acelera y sistematiza el descubrimiento temático, optimizando la exploración de grandes volúmenes de información científica como en este caso. Esta base metodológica proporciona rigurosidad técnica y adaptabilidad operativa, asegurando resultados replicables y conceptualmente robustos.

 

4. Resultados

 

4.1. PRISMA

Siguiendo el protocolo metodológico PRISMA, el proceso de selección documental se desarrolló en cuatro etapas secuenciales como se muestra en la Figura 1. En la fase de identificación, se recuperaron 13.083 registros únicos desde la base de datos SCOPUS, utilizando una combinación de operadores booleanos y términos clave relacionados con el emprendimiento tradicional, social y sostenible en contextos universitarios. Durante la etapa de validación, se aplicaron filtros que restringen la muestra a artículos científicos publicados en idioma español o inglés, en estado final de publicación hasta el año 2024 y con resumen disponible. Este proceso excluyó 5.535 registros por las siguientes razones: 4.683 correspondían a documentos no científicos (como capítulos de libro, conferencias, etc.), 244 estaban en idiomas distintos al español e inglés, 178 no se encontraban en estado final de publicación, 121 carecían de resumen, y 309 habían sido publicados después del año 2024. Como resultado, se conservaron 7.548 registros. En la etapa de elegibilidad, se revisaron los títulos y resúmenes para asegurar la pertinencia temática, excluyéndose 364 registros que no incluían la raíz entrepre* en ninguna de estas secciones, lo cual indicaba ausencia de relación directa con la temática del estudio. Finalmente, en la fase de inclusión, se obtuvo un total de 7.184 artículos que cumplían con todos los criterios establecidos de validación y elegibilidad. Este corpus constituye la base de análisis para la presente revisión sistemática de la literatura.

 

Figura 1. Diagrama Protocolo PRISMA

Diagrama

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Fuente: Elaboración Propia

 

4.2. Bibliometría

4.2.1. Evolución Productividad Científica  

El Gráfico 1 muestra la evolución histórica de la producción científica relacionada con el emprendimiento tradicional, social y sostenible en el contexto universitario, desde el año 1968 hasta 2024. Se observa que en el primer periodo la cantidad de publicaciones fue marginal con menos de 10 artículos anuales hasta finales de los años noventa. Entre las décadas del 2000 y 2009 se publicaron 584 artículos, mientras que entre 2010 y 2019 esta cifra ascendió a 2.935, lo que representa un aumento del 402,6 % en la producción científica entre ambas décadas. Este patrón sugiere una consolidación del campo como objeto de estudio académico, coincidiendo con el auge de nuevas corrientes emprendedoras vinculadas a la sostenibilidad, la innovación social y el rol estratégico de las universidades. Este crecimiento es aún más evidente a partir del año 2017, donde el número de artículos supera sistemáticamente los 300 por año, con un máximo de 890 publicaciones en 2024.Cabe destacar que entre 2020 y 2024 se concentraron 3.521 artículos, lo que equivale al 49 % del total acumulado (7.184 artículos), confirmando un notable interés académico reciente por la temática. Este auge podría estar relacionado con el fortalecimiento de la Agenda 2030, la implementación de políticas institucionales de fomento al emprendimiento en las universidades, y el impacto global de la pandemia de COVID-19, que catalizó nuevas formas de innovación con propósito. En conjunto, estos datos evidencian la maduración del campo y su creciente relevancia dentro de la agenda científica internacional.

 

Gráfico 1. Producción Científica por año

Interfaz de usuario gráfica, Texto, Aplicación

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Fuente: Elaboración propia

 

4.2.2. Distribución Geográfica

En cuanto a la distribución idiomática en esta base de datos se confirma el predominio del inglés como lengua principal de publicación con un 96,35% (6922 publicaciones) mientras que el español ocupa el 3,65% (262 publicaciones) lo cual refleja la internacionalización del campo y su posicionamiento en revistas indexadas de alcance global. A nivel geográfico, los países con mayor volumen de producción científica según afiliación de los autores corresponden principalmente a Estados Unidos (2.368 registros), China (1.717), España (1.523), Reino Unido (1.207). Este grupo representa los principales núcleos de generación de conocimiento en el área, seguidos por naciones de Asia como Malasia, Indonesia y América Latina como, Brasil, Colombia, México, Perú y Chile como se observa en la Figura 2. Es importante considerar que el índice total acumulado de frecuencias utilizado en esta figura incluye las coautorías internacionales. En consecuencia, una misma publicación puede estar asociada a múltiples países si sus autores pertenecen a diferentes instituciones. Por ello, el valor global reportado en la tabla de Anexo 1 (sumando 19.585 ocurrencias) corresponde a la suma de participaciones por país, y no al número de documentos individuales. (ver Anexo 1: Producción científica por país).

 

Figura 2. Producción científica por país

Mapa del mundo

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Fuente: Elaboración propia en Biblioshiny

 

Además del volumen de producción, el análisis de impacto (promedio de citas por artículo) revela un posicionamiento destacado de países como Estados Unidos (86,1), Suecia (70,9), Alemania (68,5), Reino Unido (65,2) y Países Bajos (63,5), lo que sugiere una alta densidad de contribuciones influyentes desde estas regiones. Sorprende también el caso de Georgia, que con menor volumen de publicaciones (5 artículos), alcanza el promedio más alto de citas por artículo (163,1) y el caso de Bielorrusia que cuenta con 4 publicaciones y alcanza un promedio de 136 citas por artículo, evidenciando investigaciones altamente referenciadas. En América Latina, aunque el impacto promedio es más moderado como en Chile (19.8), México (12,3), Colombia (11,7) o Perú (9,5) se observa una tendencia creciente de integración académica en redes internacionales de investigación (para más detalles, ver Anexo 2: Promedio de citas por país).

4.2.3. Autores y Obras Destacadas

El análisis de citas locales revela concentración de referencias en torno a marcos conceptuales clásicos y ampliamente consolidados en la literatura del emprendimiento. En primer lugar, desde la psicología la obra de Icek Ajzen (1991) La Teoría del Comportamiento Planificado (TPB) con 562 citas, lo que confirma su estatus como pilar teórico predominante. Esta teoría ha sido ampliamente utilizada para explicar la intención emprendedora a partir de factores cognitivos como actitudes, normas subjetivas y control conductual percibido, elementos que han demostrado ser particularmente pertinentes para el análisis de poblaciones universitarias en contextos de formación emprendedora. En segundo lugar, la investigación de Souitaris, Zerbinati y Al-Laham (2007), con 319 citas, se posiciona como un estudio empírico clave que utiliza la TPB para demostrar que los programas de educación emprendedora inspiran, despiertan emociones y cambian la mentalidad de los estudiantes fomentando la actitud y la intención emprendedora. Le siguen Krueger, Reilly y Carsrud (2000), con 295 citas, quienes comparan modelos de intención emprendedora y consolidan la validez del TPB y del Modelo de Eventos Emprendedores (MEE) de Shapero (1982) como marcos complementarios para el estudio y fomento del emprendimiento. Esta contribución destaca por las implicancias para la educación, la política pública, la investigación en administración y los propios emprendedores. También destaca Shane y Venkataraman (2000) con 252 citas, quienes presentan al emprendimiento como un campo de investigación autónomo, creando un marco integrador e invitando a la comunidad científica a realizar trabajos empíricos y teóricos para mejorar el campo. Por otro lado, los trabajos de Fayolle y colaboradores (2006; 2015) con 212 y 202 citas respectivamente se orientan a medir los efectos de los programas de educación emprendedora sobre actitudes e intenciones, destacando fenómenos como la histéresis en los efectos del programa. Bird (1988), con 184 citas, introduce tempranamente el concepto de intención en el comportamiento emprendedor como antecedente de los resultados organizacionales posteriores (supervivencia, crecimiento, cambio). Estudios como los de Oosterbeek, van Praag y Ijsselstein (2010), Fayolle y Liñán (2014), y Pittaway y Cope (2007), con más de 160 citas cada uno, han fortalecido la relación entre intención y educación emprendedora. A nivel psicométrico, se consolidan trabajos como el de Liñán y Chen (2009), cuyo instrumento específico para medir intención emprendedora ha sido validado en diversos contextos culturales, y el de Bandura (1997), quien publica la teoría de la autoeficacia, la cual posteriormente fue utilizada por Ajzen (1991) como base para la definición de control conductual percibido en la TPB. Por último, aunque con menor volumen de citación, se mantiene la presencia de obras clásicas como La Sociedad Realizadora de McClelland (1961) y la Teoría de Desarrollo Económico de Schumpeter (1934), lo que sugiere que la literatura contemporánea sigue reconociendo la importancia de factores como la necesidad de logro y la innovación disruptiva como aspectos relevantes del emprendimiento. En conjunto, el patrón de citación confirma una fuerte orientación hacia modelos psicológicos, educativos y conductuales en el campo de investigación.

 

Gráfico 2. Referencias locales más citadas

Gráfico, Gráfico de líneas, Gráfico de dispersión

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Fuente: Elaboración propia en Biblioshiny

 

4.3. Estructura conceptual

4.3.1. Análisis de co-ocurrencias

En la Figura 3 se presenta la nube de palabras construida a partir de los términos más frecuentes en los resúmenes de los artículos analizados. Para su visualización, se ha aplicado una transformación mediante raíz cuadrada sobre las frecuencias absolutas, lo cual permite atenuar las diferencias extremas entre los términos más y menos recurrentes. Este criterio de normalización favorece una representación más equilibrada y perceptiva de la relevancia semántica, acercando visualmente palabras que, aunque no sean las más frecuentes, poseen un peso conceptual significativo dentro del corpus. La figura incluye los 50 bigramas más recurrentes, lo que permite identificar una alta densidad semántica en torno a ejes temáticos clave del campo del emprendimiento universitario. Sobresalen con contundencia los términos “entrepreneurial education” (4.739 menciones) y “entrepreneurial intention” (4.235), lo que refleja un enfoque dominante hacia el análisis de la formación emprendedora y la intención como variable dependiente central en investigaciones empíricas, lo que refleja la influencia sostenida de modelos explicativos como la Teoría del Comportamiento Planificado (Ajzen, 1991) con 502 menciones, cuya operativización ha facilitado la sistematización comparativa de hallazgos a nivel internacional en los comportamientos intencionados hacia el emprendimiento. En coherencia con este enfoque, aparecen también con alta frecuencia los términos “university students” (1.664) y “college students” (865), lo cual confirma el protagonismo de la población estudiantil como objeto de estudio. La combinación de ambos ejes - intención y contexto educativo - marca una clara orientación del campo hacia el estudio de determinantes personales y formativos del comportamiento emprendedor juvenil, reforzada por la frecuente aparición de términos como “student entrepreneurship” (1.153), “entrepreneurial self-efficacy” (499) y “academic entrepreneurship” (773), resultados que evidencian una fuerte integración entre los componentes actitudinales y los dispositivos institucionales en la formación del potencial emprendedor. Por otro lado, el término “social entrepreneurship” (1.182) se posiciona como una fuerte vertiente dentro del campo, acompañado por nociones afines como “sustainable entrepreneurship” (324), “social capital” (235) y “sustainable development” (298), lo que refleja una apertura hacia dimensiones éticas, sociales y de impacto colectivo en el análisis del fenómeno emprendedor. Adicionalmente, se observa una incorporación progresiva de enfoques sistémicos mediante conceptos como “entrepreneurial ecosystem” (417), “technology transfer” (450) y “policy makers” (217), lo que indica una ampliación del campo hacia la búsqueda de estructuras de soporte y gobernanza del emprendimiento.

Luego, en el plano metodológico, resalta el uso extensivo de herramientas estadísticas avanzadas como “structural equation” (1.073), “factor analysis” (208) y “regression analysis” (173), que revela un interés sostenido por la validación rigurosa de modelos explicativos complejos. Por lo que, en conjunto, los resultados reflejan que el estudio del emprendimiento universitario se encuentra firmemente anclado en una perspectiva educativa y psicológica, centrada en el análisis de actitudes, percepciones e intenciones, pero en progresiva expansión hacia marcos más amplios, institucionales y sociales (ver Anexo 3: Concurrencia de nube de palabras).

 

Figura 3. Nube de palabras - Bigramas Recurrentes

Imagen que contiene Escala de tiempo

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Fuente: Elaboración propia en Biblioshiny

 

Luego, mediante el desarrollo de redes de co-ocurrencia de los 450 bigramas más relevantes mencionados en los resúmenes de los artículos considerados (ver Figura 4), se identifican cinco clústeres temáticos diferenciados dentro del campo del emprendimiento universitario. El clúster rojo concentra los términos asociados a la dimensión educativa, encabezado por el nodo “entrepreneurial education”, que presenta el mayor valor de intermediación en la red y un PageRank elevado, lo que indica su relevancia estructural dentro del conjunto. Entre los términos más próximos a este nodo se encuentran “learning activities”, “entrepreneurial competency”, “student learning”, “entrepreneurial ability” y “entrepreneurial identity”, los cuales conforman un subgrupo temáticamente cohesionado. La distribución y conectividad de este clúster sugiere que los enfoques educativos constituyen un eje central en la articulación del discurso académico sobre emprendimiento en contextos universitarios. El segundo clúster, representado en color azul, se articula en torno al nodo “entrepreneurial intention”, que figura entre los más relevantes de la red por su nivel de conectividad y posición estratégica. Este grupo incluye términos como “planned behavior”, “personal attitude”, “perceived behavioral-control”, “entrepreneurial self-efficacy”, “entrepreneurial alertness” y “psychological capital”, lo que valida la fuerte vinculación con la Teoría del Comportamiento Planificado (Ajzen, 1991) mencionado anteriormente. La consistencia semántica entre estos nodos sugiere una orientación investigativa centrada en los determinantes individuales de la intención emprendedora, abordados desde variables cognitivas, actitudinales y de percepción. La cercanía estructural de este clúster al núcleo educativo indica posibles zonas de solapamiento conceptual, especialmente en estudios que exploran la influencia de la formación académica sobre la disposición a emprender. El clúster verde agrupa términos vinculados a las características personales de los estudiantes universitarios y su relación con el emprendimiento. El nodo central de este grupo es “university students”, al que se asocian conceptos como “entrepreneurship traits”, “personal characteristics”, “emotional intelligence”, “entrepreneurial performance” y “social innovation”. La distribución periférica de varios de estos términos, así como su limitada intermediación en la red, sugiere que estas variables son tratadas en la literatura como factores complementarios, más que como núcleos estructurantes del campo. Si bien este clúster contribuye a diversificar la comprensión del fenómeno emprendedor mediante el análisis de atributos individuales y dinámicas estudiantiles, su escasa conectividad con los clústeres educativos y otros nodos de la red y una mayor cercanía al clúster de intención emprendedora indica una integración entre estas dimensiones en los estudios del campo. El clúster violeta concentra términos asociados a la dimensión estructural e institucional del emprendimiento, destacando nodos como “academic research”, “technology transfer”, “intellectual property”, “technology commercialization”, “public policy” y “university technology”. Por otro lado, el clúster naranja se compone de una pequeña agrupación de términos asociados al emprendimiento sostenible, tales como “sustainable entrepreneurship”, “sustainable development”, “green entrepreneurship” y “development goals”. Estos nodos presentan valores bajos de centralidad, lo que indica una menor articulación con los clústeres dominantes. A diferencia de los clústeres centrados en variables individuales o pedagógicas, estos dos últimos grupos presentan una menor densidad de conexiones internas; con ausencia además de un nodo central o representativo del clúster, lo que sugiere una menor integración con los núcleos temáticos dominantes.

 

Figura 4. Clúster Temáticos - Redes de Co-ocurrencia

Gráfico

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Fuente: Elaboración propia en Biblioshiny

 

4.3.2. Análisis Temático

El mapa temático (figura 5) construido permite visualizar la estructura conceptual del campo investigado a través de un sistema de coordenadas definido por los ejes de centralidad y densidad. La centralidad (eje X) representa la relevancia externa de cada clúster, es decir, su capacidad de conexión con otros núcleos temáticos; mientras que la densidad (eje Y) indica su cohesión interna, reflejando el grado de desarrollo y madurez del tema tratado. Cada clúster se representa mediante un círculo cuyo diámetro se correlaciona con la cantidad de términos asociados, lo que da cuenta de su volumen temático. Bajo esta lógica, se identifican cuatro cuadrantes distintivos: motor (alta centralidad y densidad), básico (alta centralidad, baja densidad), nicho (alta densidad, baja centralidad) y emergente/declinante (baja centralidad y densidad). Esta configuración permite clasificar los tópicos según su desarrollo y posición estratégica, y también trazar rutas potenciales de integración, consolidación o revitalización temática dentro del campo. En conjunto, el mapa temático ofrece una panorámica de las relaciones conceptuales predominantes y proyecta oportunidades de avance estructural en el conocimiento del área.

El clúster “entrepreneurial intention” se posiciona como el frente de la investigación, ubicado en el cuadrante motor del mapa temático, con valores elevados tanto de densidad (3.655) como de centralidad (2.549). Esta ubicación refleja un alto grado de desarrollo, así como una relevancia externa significativa, lo que lo convierte en el principal eje temático de la red. La base teórica que sustenta este clúster está anclada en la TPB (Ajzen, 1991), indicada por la presencia de términos como “planned behavior”, “subjective norms”, “behavioral control” y “structural equation”. Este último, con un valor de importancia (conectividad de la red) particularmente alto, por lo que actúa como nodo puente esencial, facilitando la interconexión entre distintos tópicos del campo. Además, el término “study contributes” y algunos relacionados presentan un alto valor de ocurrencias y conectividad, lo que sugiere su función como elemento articulador en la red temática. El foco empírico de este clúster se orienta principalmente hacia las intenciones emprendedoras de estudiantes universitarios, lo que se evidencia por la alta frecuencia de co-ocurrencias de los términos “university students” (1.119) y “entrepreneurial intention” (1.446). En conjunto, estos indicadores consolidan a este clúster como el principal tractor teórico y empírico del campo, combinando una sólida fundamentación conceptual con una articulación transversal que lo conecta estratégicamente con los demás núcleos temáticos.

El clúster “entrepreneurial education” se sitúa en el cuadrante básico del mapa temático, caracterizado por una alta centralidad (2.056) y una densidad intermedia (2.967). Esta configuración revela su papel como eje de conexión transversal dentro del campo, articulando una amplia red de vínculos temáticos, aunque con una cohesión interna aún en proceso de consolidación. El núcleo conceptual de este clúster gira en torno a la formación emprendedora, integrando conceptos clave como “entrepreneurial education”, “student entrepreneurship”, “entrepreneurial skills” y “entrepreneurial mindset”. La presencia de términos como “education system” y “entrepreneurship courses”, con valores elevados de intermediación (281.471 y 216.310 respectivamente), refuerza su rol como conectores entre subtemas educativos, programas formativos e iniciativas institucionales. A pesar de no alcanzar la densidad del clúster motor, su centralidad elevada indica que funge como puente estratégico entre la teoría de la intención emprendedora y sus aplicaciones prácticas en contextos académicos.

El clúster “entrepreneurial activities” se ubica en el cuadrante de nicho del mapa temático, caracterizado por una alta densidad (3.011) y una centralidad relativamente baja (2.039). Esta configuración sugiere un alto nivel de desarrollo con una estructura interna sólida y especializada, con fuerte interconexión entre sus términos, pero limitada proyección hacia otros núcleos temáticos, por lo que su relevancia en el campo aún no es alta. El clúster se compone de 131 términos, siendo el más extenso en cuanto a volumen temático, lo que indica un desarrollo considerable en términos de profundidad conceptual. Entre los términos más relevantes destacan “academic entrepreneurship”, “social entrepreneurship”, “economic development” y “entrepreneurial university”, todos ellos vinculados con la dimensión aplicada del emprendimiento. Asimismo, conceptos como “technology transfer”, “entrepreneurial ecosystem” y “sustainable development” indican una concentración temática orientada a la transferencia tecnológica y a la sostenibilidad como ejes clave de análisis. Dado que, su bajo nivel de centralidad revela una desconexión relativa respecto a los núcleos temáticos, limitando su influencia en el entramado global del campo, aún existe espacio para aumentar la relevancia o nivel de conexión en el campo.

El clúster “data analysis” se sitúa en el cuadrante inferior izquierdo del mapa temático, correspondiente a temas emergentes o en declive, con valores bajos tanto en centralidad (1.028) como en densidad (2.178). Esta posición periférica indica una débil integración con el entramado temático general y una cohesión interna moderada, insuficiente aún para consolidarse como núcleo autónomo. El clúster agrupa un total de 33 términos, centrados predominantemente en técnicas y herramientas metodológicas, como “factor analysis”, “regression analysis”, “confirmatory factor”, “quantitative research” y “research design”. La naturaleza instrumental de estos conceptos sugiere que este clúster actúa más como una “caja de herramientas” metodológica que como un eje conceptual del campo. A pesar de ello, ciertos términos presentan una elevada intermediación, como “research findings” (286.193) y “statistically significant” (220.840), lo que indica potencial para servir como conectores si se logra mejorar su articulación temática y su nivel de desarrollo.


 

Figura 5. Mapa Temático

Gráfico, Diagrama, Gráfico de dispersión

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Fuente: Elaboración propia en Biblioshiny

 

4.3.3. Análisis de Evolución Temática

Análisis temáticos por periodos

A continuación, se analizará la evolución del mapa temático a través de los siguientes cuatro periodos temporales como se observan en la figura 6: Periodo 1 (1968-1999), Periodo 2 (2000-2009), Periodo 3 (2010-2019) y Periodo 4 (2020-2024).

      Periodo 1 (1968-1999)

Dentro del cuadrante temas motores, se identifican los clústeres representados por el término de su nodo central “larger firms”, “business world” y “business plan”. Estos términos combinan conceptos estratégicos fundamentales relacionados con el entorno empresarial y la planificación de negocios, lo que evidencia un papel activo en integrar diversas líneas de investigación iniciales. Mientras que una parte significativa de los clústeres “training programmes” y “economic development” comparte espacio con los cuadrantes de temas nicho y temas básicos. En el cuadrante temas básicos, se destacan los clústeres “economic development” y “entrepreneurial education”, reconocidos como bases estructurales del campo inicial. Los clústeres identificados como temas nicho son “training programmes” y “human capital”, que presentan alta densidad interna y moderada centralidad. Su carácter especializado sugiere un desarrollo conceptual significativo, pero relativamente aislado, con limitado contacto directo entre ellos. No obstante, ambos clústeres mantienen un enfoque claro hacia la conexión con los ejes formativo-económicos centrales del campo, contribuyendo desde posiciones específicas pero relevantes a la temática global. Por otro lado, el cuadrante de temas emergentes/declive incorpora temas específicos como “private sector”, “formal education” y “entrepreneurship training”, además del desarrollo comercial. La baja densidad interna combinada con una baja centralidad refleja su condición emergente o declinante durante este periodo. Su frecuencia relativamente escasa indica que estos temas se encontraban en fases iniciales o exploratorias dentro del campo, sugiriendo una etapa temprana de investigación.

      Periodo 2 (2000-2009)

Durante el periodo 2, el análisis del Mapa Temático revela la consolidación de “technology transfer” como un tema motor. Este clúster se ubica estratégicamente en el cuadrante de alta densidad y centralidad, lo que indica tanto un desarrollo conceptual interno robusto como una alta capacidad para articular otras áreas del campo. Su rol transversal queda evidenciado en su conexión directa con términos clave como “academic entrepreneurship” y  “economic development”. Además, parte del clúster “university students” se integra dentro de esta categoría, sugiriendo que el análisis del estudiante universitario comienza a vincularse con procesos de transferencia tecnológica, estableciendo una plataforma conceptual para los desarrollos de la década siguiente. En el cuadrante de los temas básicos se observa una clara consolidación de los estudios centrados en “university students”, que se mantienen como pilares formativos del campo. Estos temas presentan alta centralidad, lo que indica su función como base estructural para otras líneas investigativas, aunque con una densidad interna aún en fase de expansión. Dentro de este espacio se articulan también los clústeres “entrepreneurial education”, “university entrepreneurship” y “entrepreneurial behavior”, lo que evidencia una profundización del foco académico sobre la formación emprendedora y el estudio sistemático del comportamiento del estudiante como emprendedor. En conjunto, estos temas configuran una base conceptual estable desde la cual se proyectan nuevas líneas de investigación. Respecto a los temas nicho, se identifican subáreas especializadas como “social entrepreneurship”, “entrepreneurial activities”, “quality management” y “business schools”. Estas agrupaciones, aunque con menor centralidad, presentan alta densidad interna, lo que sugiere un desarrollo avanzado en sus respectivos marcos teóricos y metodológicos. En particular, el emprendimiento social aparece como un campo aplicado con creciente sofisticación conceptual, mientras que la gestión de la calidad y el papel de las escuelas de negocios apuntan a una evaluación específica de la eficacia formativa e institucional en contextos emprendedores. Estos nichos, aunque periféricos en términos estructurales, aportan valiosas perspectivas especializadas al campo. Finalmente, en el cuadrante de temas emergentes/declive destaca “social capital”. Este concepto, si bien aún con baja centralidad en el mapa, comienza a adquirir densidad y visibilidad a partir de 2005, acumulando el 60% de sus publicaciones en los últimos años del periodo. Su vinculación con el desarrollo regional, de productos y la actividad económica lo posiciona como un eje emergente en la intersección entre estudios comunitarios y el emprendimiento. Este crecimiento sugiere un cambio en la orientación investigativa hacia la inclusión de factores relacionales y contextuales más amplios en el análisis del emprendimiento universitario.

      Periodo 3 (2010-2019)

En este periodo, el clúster de “entrepreneurial intention” se posiciona como tema motor (alta centralidad y densidad) dentro de la red temática. Este término no solo conecta transversalmente con múltiples clústeres, sino que también aglutina un volumen considerable de investigaciones, aproximadamente el 50% de los estudios del periodo, centradas en validaciones teóricas y análisis empíricos. El foco predominante en la intención emprendedora se sustenta en la aplicación sistemática de marcos como la Teoría del Comportamiento Planificado (TPB) y en el empleo de técnicas estadísticas avanzadas como el Modelado de Ecuaciones Estructurales (SEM), que permiten explorar relaciones causales complejas entre variables psicológicas, educativas y contextuales. Esta combinación de densidad teórica y rigurosidad metodológica ha consolidado a la intención emprendedora como el principal eje de cohesión del campo durante la década. Por su parte, el clúster de “entrepreneurial education” se mantiene como un tema básico, es decir, un pilar estructural dentro del campo que profundiza en la relación entre teoría, práctica y políticas públicas, consolidando así un campo académico que responde a necesidades formativas concretas. La persistencia y expansión de este clúster reflejan su rol estratégico como base conceptual en el estudio del emprendimiento universitario contemporáneo. Por otro lado, en este periodo no se identifican temas nicho. Esta ausencia puede explicarse por la tendencia de los términos relacionados con “entrepreneurial activities” a compartir características de temas motores. En el cuadrante de temas emergentes/declive, se destacan estudios localizados en contextos geográficos específicos como South Africa, que emergen con creciente presencia en el mapa temático. Estos trabajos, aunque aún limitados en volumen, representan una apertura hacia la diversificación regional del campo y reflejan la consolidación de comunidades investigadoras en contextos no tradicionales. Asimismo, señalan una necesidad persistente de ampliar el enfoque del emprendimiento universitario a través de estudios focalizados que capturen las particularidades socioculturales, institucionales y económicas de diferentes regiones.

      Periodo 4 (2020-2024)

El análisis temático del periodo 2020-2024 revela una notable reducción en el número de clústeres identificados en comparación con periodos anteriores, lo que sugiere una progresiva consolidación del campo y una concentración temática en torno a núcleos conceptuales bien definidos. Esta disminución no implica una pérdida de diversidad investigativa, sino más bien una madurez estructural en la que las líneas de investigación convergen sobre ejes centrales que articulan de manera más eficiente los debates actuales. En este contexto, la intención emprendedora se establece como el clúster dominante como tema motor, reafirmando su centralidad tanto en términos teóricos como metodológicos. Su persistencia a lo largo del tiempo la posiciona como la principal línea articuladora del emprendimiento universitario. La conexión interna con términos como” university students” y “planned behavior” refleja su anclaje teórico en la Teoría del Comportamiento Planificado (TPB) analizada a través de modelos estadísticos avanzados como el SEM y PLS-SEM. El clúster integra variables psicológicas (actitudes, normas subjetivas, autoeficacia, percepción de control), factores contextuales (género, entorno familiar, influencia institucional) y metodologías rigurosas (encuestas, análisis factorial), lo que consolida una agenda investigativa robusta, validada y ampliamente replicada. Esta centralidad temática posiciona a la intención emprendedora como el eje estructural sobre el cual gira la mayor parte del debate académico reciente. De forma complementaria, el clúster de “entrepreneurial education” se presenta como un nodo transversal que combina características de los cuatro cuadrantes, ocupando una posición central tanto conceptual como metodológica. Este clúster articula una base académica sólida orientada al desarrollo de habilidades y competencias emprendedoras. Internamente términos como “experiential learning”, “entrepreneurship curriculum”, “artificial intelligence” y “educational innovation” conforman una red temática en expansión que responde a las necesidades actuales de los sistemas educativos. El clúster posee potencial para transitar y posicionarse en uno de los cuadrantes, aumentando su grado de desarrollo y conexión en el campo. Dentro del cuadrante de temas emergentes/declive, se destaca el resurgimiento del rol de las instituciones de educación superior, especialmente en el marco de agendas de emprendimiento social, innovación y sostenibilidad. Este clúster conecta variables institucionales con políticas públicas, desarrollo sostenible y prácticas pedagógicas aplicadas, utilizando tanto metodologías cualitativas como cuantitativas. Las instituciones educativas se configuran como actores clave en la promoción del emprendimiento orientado al impacto social, integrando redes colaborativas, transferencia tecnológica, formación especializada y ecosistemas locales. Este enfoque no solo recupera el protagonismo institucional, sino que también redefine su papel como agente activo en la regeneración económica y social postpandemia, posicionándose como un componente emergente con posibilidades de aumentar su grado de desarrollo y conexión con los núcleos temáticos. 

Figura 6. Mapas temáticos por periodos

Diagrama, Esquemático, Escala de tiempo

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Fuente: Elaboración propia en Biblioshiny

 

Evolución temática

La evolución temática se presenta en la figura 7 mediante una red temporal dirigida que ilustra la evolución relacional de los términos clave vinculados al campo del emprendimiento (tradicional, social y sostenible) en el contexto universitario entre 1968 y 2024. Esta visualización agrupa los nodos en los cuatros periodos definidos previamente. Cada nodo corresponde a un término o constructo relevante, categorizado por color según su naturaleza temática y temporal, mientras que las flechas indican co-ocurrencias o vínculos significativos en la literatura académica. El grosor de cada flecha expresa la intensidad de la relación semántica entre términos, lo cual permite identificar trayectorias dominantes, bifurcaciones temáticas o consolidaciones conceptuales. Esta red no solo evidencia la persistencia o emergencia de ciertos núcleos temáticos, sino que permite mapear desplazamientos en la centralidad del discurso académico, facilitando la identificación de patrones de continuidad estructural y reconfiguración epistemológica. Como herramienta metodológica, este tipo de visualización es especialmente útil para detectar núcleos persistentes, explorar emergencias conceptuales y analizar desplazamientos en los focos de interés del campo.

En primer lugar, entre 1968 y 1999, los estudios enfatizan principalmente temáticas macroeconómicas y conceptos vinculados al capital, destacando la importancia de recursos económicos y humanos como factores claves del emprendimiento. Posteriormente, en el periodo 2000-2009, se observa un giro conceptual significativo hacia la transferencia tecnológica y las estructuras académicas, evidenciando un interés creciente en las dinámicas institucionales y organizativas del emprendimiento. La década siguiente, 2010-2019, se caracteriza por un fuerte énfasis en las actividades emprendedoras concretas y en la formación específica para emprendimiento. Finalmente, el periodo reciente (2020-2024) se centra en la intención emprendedora y en el rol activo de las instituciones educativas como promotoras de esta intención. La evolución descrita también destaca una persistencia temática clave, particularmente en términos como “entrepreneurial intention” y “entrepreneurial education”, que presentan alta estabilidad conceptual a lo largo del tiempo como nodos centrales de los clústeres de términos a los cuales representan. Este resultado indica una continuidad estructural sostenida en la investigación, pese a la aparición de nuevas áreas y enfoques emergentes. Además, el análisis identifica la emergencia y diversificación de temáticas específicas y contextuales, como estudios centrados en contextos particulares (por ejemplo, “South Africa”) y la incorporación progresiva de marcos conductuales, especialmente relacionados con el concepto de “planned behavior”. Estos nichos emergentes presentan una alta integración temática, lo que indica su potencial para contribuir de forma significativa al enriquecimiento conceptual del área investigativa.

De acuerdo con el valor del WII (grosor de línea), los cinco pares temáticos que registran los índices más sólidos de transición entre periodos son: “private sector (P1) → technology transfer (P2)” con un WII de 0,60; “technology transfer (P2) → entrepreneurial activities (P3)” con 0,66; “entrepreneurial intention (P3) → entrepreneurial intention (P4)” con 0,64; “entrepreneurial activities (P3) → education institutions (P4)” con 0,55; y finalmente, “entrepreneurial education (P3) → entrepreneurial education (P4)” con 0,50. Lo que destaca al sector privado como un objeto de estudio que precede a su relación temática con la transferencia tecnológica. Esta transferencia tecnológica, a su vez, emerge como un eje fundamental que conecta con las temáticas de actividades emprendedoras (del periodo), reflejando una progresiva orientación hacia el emprendimiento aplicado y práctico. A su vez, la consolidación persistente de los estudios sobre intención emprendedora desde el periodo 2 hasta la actualidad muestra estabilidad e interés sostenido en los factores individuales y actitudinales que determinan la decisión de emprender. La conexión entre las actividades emprendedoras y las instituciones educativas sugiere que la práctica emprendedora ha ido integrándose significativamente en el contexto de las instituciones de formación académica, indicando un cambio progresivo hacia cómo las universidades se relacionan con esta actividad empresarial. Finalmente, la persistencia del enfoque formativo en educación emprendedora indica una inercia investigativa que apunta a su centralidad como temática transversal en el campo estudiado, reflejando una maduración conceptual e integrativa del campo que ha sido consistente a lo largo del tiempo.

Respecto a la estabilidad temática, se identifican cinco términos con mayor Stability Index: “human capital (P1) → social capital (P2)” con un índice de 0,04; “business plan (P1) → social capital (P2)” con 0,03; “human capital (P1) → business schools (P2)” también con 0,03; “business plan (P1) → entrepreneurial activities (P2)” con 0,02; y “entrepreneurship training (P1) → entrepreneurial behavior (P2)” igualmente con 0,02. Estos términos representan núcleos temáticos realmente persistentes a través de todos los periodos, destacando su importancia en la estructura conceptual del campo. Se observa que el concepto inicial de capital humano evoluciona hacia capital social, integrando las redes y vínculos sociales como elementos clave para el emprendimiento. La planificación de negocios, concepto fundamental desde los primeros estudios, evoluciona hacia capital social y actividades emprendedoras. Adicionalmente, la relación entre el capital humano y las escuelas de negocios indica una consolidación sostenida del rol formativo especializado en emprendimiento.

 

Figura 7. Evolución Temática

Diagrama

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Fuente: Elaboración propia en Biblioshiny

 

5. Discusión

Los resultados del análisis bibliométrico ofrecen elementos claves para interpretar la producción científica sobre el emprendimiento tradicional, social y sostenible en el contexto universitario. Mientras que la continuidad entre la formación emprendedora y la conducta emprendedora muestran la persistencia de este vínculo. La evaluación global de las temáticas que guiaron los periodos evidencian una notable madurez en el campo investigado, marcada por un desplazamiento claro desde análisis macroeconómicos hacia el protagonismo del actor individual y su contexto formativo e institucional. Y es que, los hallazgos revelan patrones que deben ser analizados a fondo para aclarar la amplitud de las líneas de investigación del campo, por lo que, a continuación, se centra la discusión alrededor de los siguientes términos de interés: “entrepreneurial education”, “education institutions”, “entrepreneurial intention”, y “social entrepreneurship  sustainable entrepreneurship”. Donde se analiza la evolución del discurso investigativo entre los periodos de los términos de interés que son objeto del presente estudio, mediante un análisis de las relaciones conceptuales que tienen estos términos, pero en relación a los otros términos contenidos en su propio clúster a través de cada periodo, es decir, que se busca identificar los enfoques argumentativos y contextuales que caracterizan cada período, permitiendo profundizar en la construcción de un marco evolutivo del discurso de investigación de cada uno de estos términos.

 

      Educación emprendedora

Durante el periodo fundacional (1968-1999), la educación emprendedora emerge como un espacio de intermediación entre el saber práctico de la actividad empresarial y las incipientes formas de enseñanza formal, careciendo aún de estándares metodológicos definidos y de reconocimiento institucional amplio. Su desarrollo inicial se sustenta en iniciativas aisladas, mayoritariamente vinculadas a escuelas de negocios del Reino Unido, las cuales emplean metodologías como el “action learning” y el “executive training”, orientadas al desarrollo de habilidades empresariales tradicionales. En este contexto, el énfasis se sitúa en competencias como el liderazgo, la gestión de recursos y la elaboración de planes de negocio, reflejando una visión funcionalista e instrumental del emprendimiento. La inclusión curricular de iniciativas específicas dentro de los sistemas educativos formales es marginal a solo algunos pocos artículos, y la educación emprendedora aparece más como una estrategia formativa ad hoc que como un componente estructural del currículum. Este estadio incipiente plantea una tensión epistemológica persistente: ¿es posible enseñar el emprendimiento desde el aula sin desvirtuar su naturaleza experiencial, situada y contingente? Luego, en la década de 2000-2009 se marca un punto de inflexión en el proceso de consolidación de la educación emprendedora, al integrarse plenamente en el sistema universitario y ser incorporada como un instrumento estratégico en las agendas de desarrollo económico y empleabilidad. Durante este periodo, se observa una proliferación significativa de programas, cursos y entrenamientos especializados en múltiples países, promovidos tanto por instituciones académicas como por agencias de innovación y organismos públicos. Las escuelas de negocios asumen un rol protagónico en la estandarización y expansión de modelos curriculares, impulsando formatos pedagógicos que combinan la eficiencia formativa con el alineamiento a indicadores de rendimiento económico, como la productividad, la transferencia tecnológica y la creación de empresas. Durante el periodo 2010-2019, la educación emprendedora experimenta una fase de diversificación metodológica y ampliación conceptual, incorporando nuevas dimensiones críticas, sociales y experienciales. Este proceso se traduce en una evolución del paradigma pedagógico dominante, con el surgimiento de enfoques centrados en el desarrollo del “mindset emprendedor”, el aprendizaje experiencial y la enseñanza basada en competencias. Los estudios abandonan progresivamente el modelo orientado al negocio para dar paso a una formación más integral, orientada a la reflexión, la creatividad y la resolución de problemas complejos. Paralelamente, se introducen mecanismos de evaluación más sofisticados, como rúbricas formativas, instrumentos de autoevaluación y estudios longitudinales que permiten medir el impacto formativo de manera más precisa. Asimismo, se integran al currículo nuevas corrientes como el emprendimiento social, el desarrollo sostenible y la innovación frugal (“Hacer más con menos”), ampliando los marcos de referencia éticos y comunitarios de la educación emprendedora. Esta hibridación conceptual da lugar a una redefinición del sujeto emprendedor, que ya no se concibe únicamente como un agente económico, sino como un actor social con conciencia crítica, capacidad reflexiva y compromiso con su entorno. Finalmente, en el periodo más reciente (2020-2024), el campo de la educación emprendedora alcanza una etapa de madurez analítica, marcada por la adopción intensiva de tecnologías avanzadas, el énfasis en la evaluación de impacto y un rediseño pedagógico impulsado por los desafíos postpandemia. Además, su integración creciente con nodos de otros clústeres como “education institutions”, “sustainable entrepreneurship” y “social entrepreneurship” refuerza su capacidad para articular agendas educativas, económicas y sociales. Esta transición se ve reforzada por la convergencia entre innovación pedagógica, tecnologías emergentes y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, conformando un nuevo paradigma que redefine las funciones de la universidad en la sociedad contemporánea. En este marco, la educación emprendedora se convierte en un laboratorio estratégico desde donde se ensayan nuevas maneras de formar ciudadanía, generar conocimiento útil y fomentar el compromiso ético con los desafíos globales. A su vez, la incorporación de herramientas como la inteligencia artificial, modelos de regresión multivariada y redes neuronales buscan modelar con mayor precisión los procesos de aprendizaje emprendedor, y las características relevantes que motivan y determinan el comportamiento emprendedor, permitiendo anticipar resultados educativos y el diseño de programas e iniciativas efectivas. La crisis sanitaria global actúa como catalizador de una digitalización acelerada, promoviendo el uso de plataformas virtuales, entornos de simulación, metodologías híbridas y esquemas de educación remota. Este nuevo contexto redefine las formas de enseñanza-aprendizaje y refuerza la necesidad de formar al estudiante no solo como un emprendedor en sentido económico, sino como un agente transformador capaz de adaptarse, innovar y liderar en escenarios inciertos. Sin embargo, no se observa una tendencia marcada hacia resolver interrogantes o de estudios sistemáticos de las dimensiones del aprendizaje y las variables que conducen un comportamiento emprendedor responsable, donde se busque dilucidar la importancia o el cómo las instituciones y/o atributos (por ejemplo, la ética o la resiliencia) se constituyen como elementos claves para la formación emprendedora con enfoque sostenible.

A lo largo de los cuatro periodos analizados, “entrepreneurial education” se configura como uno de los conceptos más persistentes y estructuralmente conectores del campo del emprendimiento educativo. Su presencia sostenida como nodo central de su clúster en cada periodo temporal, evidencia su papel como eje articulador de vínculos entrantes y salientes, entre los que destacan dimensiones formativas, prácticas emprendedoras, políticas públicas y transformaciones institucionales. Esta centralidad temática evidencia una notable capacidad adaptativa frente a las nuevas agendas del campo, incorporando progresivamente nociones asociadas a la tecnología, la sostenibilidad, las competencias y la innovación pedagógica.

 

      Instituciones de Educación

En el primer periodo, la educación emprendedora se desarrolla principalmente dentro del ámbito de las escuelas de negocios, sin una articulación institucional amplia ni políticas universitarias específicas que respalden su promoción. La actividad emprendedora se limita a contenidos técnicos integrados en programas de administración, centrados en herramientas como el análisis financiero, los estudios de mercado y, especialmente, en el diseño de planes de negocio. Estas prácticas responden a una lógica profesionalizante, sin estructuras de soporte institucional que reconozcan al emprendimiento como función emergente de la universidad. En este contexto, las universidades operan como entornos educativos genéricos, sin asumir un rol proactivo en la creación de ecosistemas emprendedores. Esta ausencia de visión estratégica institucional constituye una de las principales limitaciones del periodo, reflejando un desfase entre el potencial transformador del emprendimiento y su reconocimiento como objetivo académico y organizacional. Con el inicio del nuevo milenio, las universidades comienzan a adoptar un papel más activo y estructurado en la promoción del emprendimiento, incorporando infraestructuras específicas y marcos de colaboración intersectorial que consolidan su función dentro del ecosistema emprendedor. Durante esta fase se desarrollan incubadoras, parques científicos y oficinas de transferencia tecnológica, configurando una arquitectura institucional que trasciende la lógica curricular para incluir estrategias organizacionales de mediano y largo plazo. El modelo de triple hélice propuesto por Etzkowitz (2003) se convierte en el marco teórico dominante, legitimando las alianzas entre universidad, empresa y gobierno como vía para potenciar el desarrollo basado en el conocimiento. Esta transformación institucional permite que el emprendimiento deje de ser una actividad extracurricular o marginal, integrándose paulatinamente en los planes estratégicos de las universidades. En el periodo 2010-2019, las Instituciones de Educación Superior experimentan una expansión global de sus funciones emprendedoras, consolidando un enfoque ecosistémico que trasciende la formación de individuos para implicarse activamente en la generación de innovación, conocimiento aplicado y redes colaborativas. La noción de universidad emprendedora cobra fuerza, configurando a las Instituciones de Educación Superior (IES) como actores estratégicos dentro de sistemas complejos que integran políticas públicas, empresas, organizaciones sociales y estructuras de financiamiento (Guerrero y Urbano, 2012). En este contexto, adquieren protagonismo políticas orientadas a la transferencia tecnológica y al desarrollo basado en el conocimiento, especialmente en regiones en desarrollo que buscan posicionar a la universidad como motor de transformación socioeconómica. Se observa también una creciente vinculación del emprendimiento con marcos de capital humano y capital social, lo cual amplía sus objetivos hacia la inclusión, la equidad y el desarrollo local. Finalmente, en el tramo 2020-2024, el nodo “education institutions” alcanza su mayor densidad estructural, consolidándose como una infraestructura institucional multifuncional que integra emprendimiento, innovación, sostenibilidad y gobernanza educativa. Las universidades se posicionan como nodos receptores de flujos temáticos claves provenientes de “entrepreneurial education” y “entrepreneurial activities”, lo cual refleja su rol como epicentro de articulación teórico-práctica en el campo. La medición del impacto se profesionaliza mediante la aplicación de métricas rigurosas orientadas a evaluar desempeño, sostenibilidad, empleabilidad de egresados y retorno económico. Al mismo tiempo, se reconocen diferencias estructurales según la tipología institucional: universidades públicas frente a privadas, países desarrollados frente a economías emergentes, así como casos específicos como China, Sudáfrica y Canadá. Lo que evidencia que no existe un único modelo de universidad emprendedora, sino múltiples configuraciones adaptadas a los contextos sociopolíticos, culturales y económicos de cada región. La consolidación de este rol sistémico por un lado posiciona a las IES como plataformas de innovación integral, y a su vez, declara la importancia contextual del entorno al acentuar las asimetrías en recursos, capacidades y estrategias institucionales.

El fortalecimiento de las capacidades institucionales en emprendimiento se manifiesta en la formalización de modelos de gobernanza innovadores y en la expansión de estructuras de soporte diversificadas. Elementos como oficinas de transferencia tecnológica, centros de innovación, redes de mentores, programas de financiamiento (“seed”) y unidades de emprendimiento social configuran un entramado organizativo que permite a las universidades operar como hubs emprendedores. No obstante, persiste una brecha de conocimiento en torno a los factores de éxito de estas estructuras: la literatura aún carece de estudios comparativos robustos que permitan entender cómo, por qué y en qué condiciones estos dispositivos institucionales logran generar impacto. Esta laguna empírica limita la posibilidad de transferir buenas prácticas entre contextos institucionales diversos.

La contribución de las instituciones educativas al emprendimiento es objeto de evaluación creciente mediante un conjunto amplio de indicadores estructurados que buscan balancear eficacia económica con compromiso social. Entre las métricas de impacto más recurrentes se encuentran la cantidad de startups creadas, empleos generados, sostenibilidad financiera y potencial de escalabilidad. No obstante, surgen también indicadores alternativos que apuntan a dimensiones como la alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la promoción de la equidad de género y la generación de innovación social. Este proceso de evaluación enfrenta desafíos, tales como la heterogeneidad de modelos institucionales, la dependencia de financiamiento público o la tensión entre autonomía académica y demandas del mercado. En este marco, resulta clave sostener una visión crítica e integral del éxito institucional, que no se limite a resultados económicos, sino que incorpore variables formativas, éticas y transformadoras.

El análisis longitudinal de la red temática revela una transformación significativa en el papel de las IES en el campo del emprendimiento, evolucionando desde un rol periférico; incluido como un nodo dentro de diferentes clústeres, hacia una posición estructuralmente central en el último periodo. Y es que, hasta antes del 2000, la referencia a lo institucional es apenas indirecta, canalizada a través de conceptos como “business plan” o “business world”, enmarcados principalmente en la lógica de las escuelas de negocios. No obstante, a partir del año 2000 se observa una inflexión clara con la emergencia del modelo de triple hélice (universidad-industria-gobierno), que posiciona a las universidades como agentes clave en los procesos de innovación, transferencia tecnológica y desarrollo regional. En el periodo más reciente (2020-2024), el nodo “education institutions” concentra múltiples flujos conceptuales, consolidándose como uno de los centros neurálgicos del campo. Esta reconfiguración responde a un reposicionamiento estratégico de las universidades, que ya no solo cumplen funciones educativas, sino que actúan como actores económicos y políticos activos dentro de los ecosistemas de innovación; y que hoy cuentan con un alto interés de estudio.

 

      Intención Emprendedora

A partir del 2000, la “entrepreneurial intention” se introduce como un constructo clave en el estudio del comportamiento emprendedor, posicionándose rápidamente como uno de los focos centrales de la literatura académica. Los primeros estudios, concentrados en el periodo 2000-2009, adoptan enfoques exploratorios centrados mayoritariamente en estudiantes universitarios, grupo idóneo por la etapa vital de toma de decisiones profesionales en la que se encuentran y su exposición a entornos educativos propicios para el emprendimiento. En este contexto, la Teoría del Comportamiento Planificado (TPB) propuesta por Ajzen (1991) se convierte en el marco teórico dominante, estructurando las investigaciones en torno a variables como actitud hacia el comportamiento, normas subjetivas y control conductual percibido o autoeficacia. Durante el periodo 2010-2019, la intención emprendedora se consolida como la variable dependiente más empleada en estudios cuantitativos sobre emprendimiento, lo que indica su utilidad como indicador anticipatorio del comportamiento emprendedor. Esta consolidación metodológica legitima su uso como herramienta diagnóstica y predictiva en contextos educativos, aportando evidencia empírica para la evaluación y rediseño de programas formativos. Diversas investigaciones han demostrado que las intervenciones orientadas a fortalecer la actitud emprendedora, mejorar la autoeficacia y reconfigurar las normas sociales percibidas pueden aumentar significativamente los niveles de intención emprendedora. Estas evidencias han dado lugar al uso extendido de evaluaciones pre y post curso que pretenden medir cambios actitudinales y ajustar contenidos pedagógicos en función del perfil del estudiante. Este ajuste curricular contribuye no solo a la eficacia de la formación, sino también a su equidad, promoviendo un acceso más justo y contextualizado a las oportunidades de desarrollo emprendedor.

Aunque la investigación sobre intención emprendedora se enfocó inicialmente en estudiantes universitarios; en general, el espectro poblacional se ha ampliado considerablemente en la última década, dando lugar a análisis más segmentados y contextualizados. Durante el periodo 2000-2009, los “university students” fueron seleccionados como grupo focal. Sin embargo, entre 2010 y 2024 se incorporan nuevas variables de segmentación que enriquecen el análisis: como género, tipo de universidad (pública o privada), nivel educativo, experiencia laboral previa, y campo disciplinar. Esta diversificación ha permitido explorar brechas significativas en los niveles de intención emprendedora, así como identificar factores diferenciados que influyen en su desarrollo. Tales hallazgos ofrecen insumos relevantes para el diseño de políticas educativas más focalizadas, permitiendo adaptar las estrategias formativas a perfiles específicos. Además, la segmentación comparativa ha revelado que la intención emprendedora es altamente sensible a variables contextuales, lo que subraya la necesidad de enfoques diferenciados según características individuales e institucionales.

El enfoque basado en la TPB ha dado lugar a una evolución metodológica significativa durante el periodo 2010-2019 con el uso técnicas estadísticas avanzadas como los Modelos de Ecuaciones Estructurales (SEM) y el Análisis Factorial Confirmatorio (CFA), las cuales permiten validar modelos causales complejos con muestras extensas y diseños robustos. Esta tendencia se profundiza y acrecienta entre 2020 y 2024 con la incorporación de diferentes técnicas de análisis como los Mínimos cuadrados parciales-SEM, análisis de mediación y moderación, y pruebas de efectos indirectos que ofrecen una comprensión más matizada de los factores que influyen en la intención. Asimismo, se refinan las mediciones de variables latentes y se optimizan las escalas psicométricas utilizadas, lo cual eleva el estándar de calidad empírica en el campo. Sin embargo, es relevante destacar que esta sofisticación analítica no debe reducir el fenómeno emprendedor a solo constructos actitudinales cuantificables, sino a su vez, debe ser capaz de integrar diferentes atributos relevantes del ecosistema, evitando así, invisibilizar dimensiones estructurales, institucionales y culturales que también condicionan o influencian en el comportamiento emprendedor. Esta transición metodológica responde a la necesidad de explicar no sólo la disposición individual al emprendimiento, sino también las condiciones estructurales que la modulan. Así como en algunos estudios, donde se han incorporado factores como el apoyo institucional, social y familiar percibido, la calidad de la educación emprendedora, el clima emprendedor universitario y el entorno normativo en que se sitúa el individuo, elementos que permiten observar cómo el entorno formativo actúa como modulador del efecto de variables individuales clásicas. Lo que demuestra una apertura analítica y avance hacia modelos situados, y contextuales del comportamiento emprendedor, capaces de captar la interacción entre experiencia individual y estructura institucional. No obstante, persiste una brecha significativa en la estandarización de las mediciones contextuales y las dimensiones relevantes en las que esta opera, limitando la comparabilidad entre estudios y la construcción de teorías más integradoras.

Por otro lado, el constructo de intención emprendedora ha experimentado una expansión temática que lo conecta con los grandes desafíos contemporáneos, particularmente en el ámbito digital y en la sostenibilidad. En el periodo 2020-2024, emergen vertientes específicas como la “digital entrepreneurial intention” y la “green entrepreneurial intention”, cada una con escalas, modelos y factores distintivos. Estas nuevas líneas de investigación introducen dimensiones adicionales como la sensibilidad ambiental, la conciencia ética, las competencias digitales y la cultura tecnológica, configurando perfiles emprendedores más acordes con las transformaciones sociales, económicas y culturales. Este giro temático no sólo diversifica el campo analítico, sino que amplía el potencial formativo de los programas educativos, al alinear el emprendimiento con metas de desarrollo sostenible, innovación responsable y transformación social.

 

      Emprendimiento social y sostenible

Durante el periodo 2000-2009, el emprendimiento social comienza a emerger como una categoría temática incipiente dentro del campo del emprendimiento educativo, asociada principalmente a dinámicas de transformación social y desarrollo sostenible. Aunque su densidad relacional en la red temática es menor comparada con los ejes dominantes como la educación o la intención emprendedora, su aparición es estable y persistente, pasando de ser un tema de investigación más aislado de la red, a contar con una integración significativa ya en el último periodo con respecto al resto de términos. El emprendimiento social se vincula inicialmente a conceptos como “social change”, “sustainable development” y “public actors”. El nodo se presenta con orientación hacia la equidad, la justicia social y el bienestar colectivo. Aunque su progresión en términos de volumen literario ha sido moderada, el análisis de redes resultante muestra una diversificación progresiva en sus aplicaciones y contextos. Esta evolución indica que el emprendimiento social no se expande solo por acumulación de estudios, sino por su capacidad de adaptarse e insertarse en múltiples dominios de acción e investigación. Una de las características distintivas del emprendimiento social es la diversidad de actores que lo conforman y la pluralidad de modelos organizativos que adopta. Este campo se estructura a partir de una constelación de agentes que incluye a emprendedores sociales individuales, organizaciones no gubernamentales, decisores públicos y entidades híbridas como las empresas sociales, cooperativas y corporaciones B (B Corps). Esta configuración refleja una transición desde modelos de no lucro tradicionales hacia esquemas mixtos con un alto impacto para el desarrollo sostenible. Las formas organizativas resultantes no solo buscan resolver problemáticas sociales, sino que también aspiran a autosuficiencia financiera, escalabilidad e innovación. Sin embargo, esta hibridación genera tensiones significativas en torno a la integridad de la misión social: en particular, la literatura debate si es posible mantener el propósito ético y transformador dentro de modelos for-profit, donde las presiones del mercado podrían desvirtuar la finalidad original. Esta tensión entre impacto social y viabilidad comercial constituye uno de los ejes analíticos más complejos del campo. En este sentido, se adaptan metodologías como el “lean startup”, el análisis de stakeholders y la construcción de modelos de negocio, orientadas a maximizar el valor social antes que el beneficio económico. Luego, a partir del año 2010, el emprendimiento social se impregna de al menos dos tipos de corrientes principales, por un lado comienza a integrarse de manera más sistemática en los currículos universitarios, en la capacidad de las universidades de desarrollar emprendimientos de base tecnológica, y especialmente en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); inclusión que se manifiesta en programas de educación emprendedora, así como en la transferencia de conocimiento-tecnología dedicados al emprendimiento con impacto social. Doctorados, Maestrías, incubadoras universitarias y centros de innovación social que operan como plataformas clave para la sensibilización y formación de agentes de cambio, y, por otro lado, desde la fuerte corriente de la economía social; mediante el asentamiento del estudio de la intención emprendedora social tanto desde la teoría del evento emprendedor de Shapero y Sokol (1982) y como el estudio ajustado desde la teoría psicológica del comportamiento de Ajzen. Así como en la vinculación de emprendimientos e instituciones universitarias con cooperativas, y la vinculación con actores de la economía social. Y es que, desde una perspectiva institucional, las IES se posicionan como proveedoras de conocimiento técnico y como entornos de construcción de compromiso ético y vocación transformadora. En paralelo, diversos documentos de política pública han comenzado a promover la enseñanza de competencias asociadas al emprendimiento social como parte integral de las estrategias de sostenibilidad y el fortalecimiento de las empresas sociales. Esta convergencia entre academia y política educativa consolida el lugar del emprendimiento social dentro de las agendas universitarias y refuerza su legitimidad como campo formativo transversal y transdisciplinar. Finalmente, hay que destacar que la literatura reciente ha centrado su atención en el análisis de modelos de escalabilidad social, así como en los mecanismos que permiten sostener impactos transformadores más allá de las fases iniciales del proyecto. Sin embargo, aún persiste una brecha empírica importante: la escasez de estudios comparativos que validen la eficacia relativa de distintos modelos híbridos en contextos institucionales diversos. Esta falta de evidencia limita el desarrollo de marcos generales que orienten la toma de decisiones en el diseño y evaluación de emprendimientos sociales y sus procesos formativos, por lo que, durante el periodo 2020-2024, en estos términos se intensifica el interés por desarrollar métricas rigurosas que permitan evaluar el impacto social y medioambiental de los emprendimientos, en consonancia con los marcos globales de desarrollo sostenible y el uso de indicadores claves de desempeño. Así como a su vez, la red temática evidencia que, si bien el campo del emprendimiento social mantiene una densidad relativa inferior a otros núcleos como la educación o la intención, presenta una trayectoria de integración creciente, focalizado desde el análisis organizacional de las empresas sociales y el fomento de políticas para su promoción. Esta convergencia se manifiesta en su articulación con líneas de investigación centradas en la formación emprendedora, el diseño de políticas públicas y el desarrollo de la economía social. A partir de este entrelazamiento, se abren nuevas oportunidades para investigar cómo los procesos formativos pueden fomentar vocaciones emprendedoras orientadas al cambio social y ambiental. También, se vuelve imperativo explorar en mayor profundidad los marcos regulatorios e institucionales que facilitan el surgimiento y sostenibilidad de organizaciones con propósito social. Así como, en el diseño de estrategias y fórmulas que aseguren la sostenibilidad del emprendimiento social, ya que, uno de los desafíos más complejos no se encuentra únicamente en su capacidad de insertarse y posicionarse en el mercado de forma competitiva, sino en su claridad para articular valor económico, ético y comunitario de forma coherente y transformadora hacia el desarrollo sostenible.

 

6. Conclusiones

El presente artículo ofrece una visión panorámica del campo del emprendimiento estudiantil en el contexto universitario, abordando sus tres principales vertientes: tradicional, social y sostenible. A partir de una revisión sistemática de la literatura, se constata una evolución progresiva desde enfoques centrados en la lógica económica clásica hacia modelos más integradores, donde confluyen dimensiones actitudinales, formativas e institucionales. En este tránsito, la intención emprendedora se posiciona como eje articulador del campo, sustentada teóricamente en modelos psicológicos consolidados, particularmente por la Teoría del Comportamiento Planificado (Ajzen, 1991), que estructura gran parte de la producción empírica en torno a las variables cognitivas que anteceden al comportamiento emprendedor. De manera transversal, la educación emprendedora emerge como plataforma estratégica para la formación de competencias, siendo reconocida no sólo como instrumento pedagógico, sino como catalizador de procesos de innovación y transformación en los entornos universitarios. A pesar de los avances, la incorporación sistemática de enfoques sociales y sostenibles continúa siendo marginal, ubicándose en posiciones periféricas dentro del entramado conceptual. No obstante, su presencia persistente y creciente señala una frontera de expansión relevante que invita a una reconceptualización del emprendimiento desde perspectivas más holísticas, éticas y comprometidas con los desafíos actuales.

El análisis de co-ocurrencias temáticas y mapas conceptuales confirma la centralidad estructural de los conceptos “entrepreneurial intention” y “entrepreneurial education”, los cuales configuran un núcleo en la producción científica reciente. Este predominio conceptual responde a una tradición investigativa consolidada en torno a modelos formativos y cognitivos. Sin embargo, el análisis estructural también revela una disociación temática con constructos emergentes como “sustainable development” y “entrepreneurial ecosystem”, que, si bien poseen densidad interna relevante, se ubican en zonas periféricas del sistema conceptual. Esta segmentación refleja una limitada integración entre los enfoques tradicionales y las nuevas aproximaciones que incorporan variables sistémicas, contextuales y ecológicas. Del análisis efectuado se desprende que el estudio del emprendimiento universitario ha evolucionado desde enfoques inicialmente atomizados hacia una configuración conceptual más estructurada y coherente. Sin embargo, persisten significativos vacíos y fragmentaciones que obstaculizan una comprensión integral del fenómeno en su totalidad. En particular, la alta variabilidad conceptual encontrada en los estudios empíricos sobre modelos de intención emprendedora pone en evidencia una complejidad metodológica y teórica que limita la capacidad predictiva de estos modelos, dificultando explicaciones concluyentes sobre las transiciones efectivas hacia la acción emprendedora concreta, y por sobre todo en el proceso de ajuste a otros contextos actitudinales más complejos como en el caso del emprendimiento social y sostenible. Los hallazgos obtenidos abren posibles rutas investigativas orientadas a fortalecer el campo del emprendimiento universitario mediante enfoques más integradores e interdisciplinarios. Una de las líneas prioritarias consiste en profundizar el análisis de cómo las universidades incorporan competencias verdes, valores sociales y orientaciones éticas en sus programas de formación emprendedora. Asimismo, se plantea la necesidad de estudiar con mayor detalle la interacción entre políticas institucionales, percepción pública del emprendimiento y las motivaciones de los estudiantes a emprender, lo cual permitiría entender mejor los mecanismos que median entre el discurso institucional y la acción emprendedora concreta. Desde una perspectiva metodológica, se sugiere explorar diseños longitudinales y transversales con técnicas de análisis estructural robustas que permitan trazar trayectorias de intención y comportamiento emprendedor a lo largo del tiempo.

Para que el emprendimiento universitario se consolide como un vector de transformación social genuino, resulta imprescindible superar su actual anclaje en enfoques predominantemente psicológicos y educativos, e incorporar de manera transversal perspectivas sociales, ecológicas e institucionales. El abordaje segmentado entre intención, educación, acción y sostenibilidad ha limitado la capacidad explicativa y transformadora del campo, generando una fragmentación teórica que obstaculiza la generación de modelos comprensivos. En este sentido, la comunidad científica enfrenta el desafío de promover investigaciones integradoras que articulen teoría, práctica y contexto, reconociendo al emprendimiento no solo como una práctica individual, sino como una construcción colectiva atravesada por estructuras sociales, normativas e institucionales. Esta reorientación exige el diseño de marcos conceptuales y metodológicos que sean sensibles a las complejidades del entorno actual, caracterizado por crisis ecológicas, desigualdades sociales y demandas de innovación con propósito. De esta forma, será posible ampliar la frontera del conocimiento y contribuir a la construcción de ecosistemas universitarios más justos, resilientes y sostenibles.

 

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no existe conflicto de interés.

 

Declaración de contribución de autoría

Los autores declaran que han contribuido al desarrollo del artículo. VHM: Conceptualización, Curación de datos, Análisis formal, Investigación, Metodología, Visualización, Redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición; JLM: Conceptualización, Metodología, Supervisión, Validación, Redacción – revisión y edición; JTO: Conceptualización, Metodología, Supervisión, Validación, Redacción – revisión y edición.

 

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